Gandul, la historia en el olvido.

          Hablar de Gandul no es sencillo. No es sencillo porque es una auténtica amalgama en el tiempo. Es hablar de Prehistoria e historias, de turdetanos, romanos, moros y cristianos e incluso nazis, como también lo es de un marquesado, un palacio y un castillo, pero además es hablar de arqueología y agricultura, de rico pan y manantiales, lo mismo es Sevilla que es Alcalá de Guadaíra o que son Los Alcores. Todo esto y mucho más es Gandul, así que comprenderán que afirmemos que no es sencillo y más aún tratándose de un lugar desgraciadamente anclado al olvido.

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Vista desde la iglesia de San Juan Evangelista: Cortijo Los Llanos de Gandul y una calle del poblado, detrás se ven el palacio y la antigua torre entre una vegetación cada vez más densa, al fondo La Campiña. (Sevilla Legendaria, 2016).

Enclavado a unos 100-120 m de altura en la cornisa de Los Alcores, se sitúa a escasos 6 km de la vecina población de Alcalá de Guadaíra y a casi 20 km de la antigua Híspalis, abarcando una amplia extensión que puede rozar las 1.000 Has. si tenemos en cuenta la cantidad de hallazgos y puntos catalogados que hay diseminados por toda la zona conocida como Mesa de Gandul. Actualmente todo se engloba en el conjunto arqueológico de Gandul, que serían los yacimientos del despoblado, los Tholos de Las Canteras y la Necrópolis Dolménica de Los Alcores. Pero si extensa resulta el área que abarca, no lo es menos su historia que se genera en el milenio III a.C. hasta nuestros días.

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Vista de Las Canteras y los Cerros de la Andrada. Cruce de los caminos de Gandul y de Los Molinos por donde transitaba el antiguo ferrocarril. (Sevilla Legendaria, 2016).

La zona que vemos en la imagen fue el origen de Gandul, cuando aún no era ni eso. Era la época del Calcolítico, no había vallados militares, ni de fincas privadas y las plantaciones existentes tendrían poco que ver con las actuales. En esa zona se ubican los mencionados Tholos de Las Canteras, conocidos ya por G. Bonsor, e investigados posteriormente por M. Ponsich, más tarde por F. Collantes de Terán, J. Hernández Díaz y A. Sancho Corbacho, y luego F. Amores y V. Hurtado en los años 80 gracias a un convenio de colaboración entre el Ejército y la Universidad de Sevilla. Fue entonces cuando se descubrió que aquella zona y la de Valencina de la Concepción son los puntos megalíticos más importantes de la provincia, siendo equiparables a otras necrópolis conocidas a nivel mundial. Allí se dispersan a lo largo de la loma, la Cueva del Vaquero, los sepulcros de Cañada Honda, la Tumba del Pedrejón, la del Término y la de la Casilla, ya algo más alejada la Cañada del Carrascal.

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El restaurado columbario romano visto desde la Vía Verde, pues permanece incrustado en la zona militar. (Sevilla Legendaria, 2016).

Avanzamos en la historia sin movernos aún de esa loma que en su día sesgara el tren panadero. Dentro del recinto del antiguo acuartelamiento de Las Canteras, y en la actualidad de la fábrica de blindados Santa Bárbara, hay multitud de restos de la época romana. El más visible es dicho columbario, pero no el único, pues se tiene constancia de la existencia de más enterramientos a su alrededor, también de varias villas, numerosos restos cerámicos e incluso lo que podría ser el antiguo anfiteatro del poblado romano que solapó el asentamiento turdetano en la Mesa de Gandul.

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Cerro del Toruño, el punto más alto de la zona con 122 m. (Sevilla Legendaria, 2016).

Al otro lado de la antigua vía está el Cerro del Toruño, que es esa elevación llena de vegetación que vemos desde la autovía A-92 en dirección a Sevilla cuando se puede contemplar toda la cornisa alcoreña y los pueblos de Mairena del Alcor, El Viso del Alcor y Carmona. Entre la densa masa forestal que lo cubre se encuentran los antiguos restos del antiguo poblado íbero-romano conocido como Irippo, la ciudad del río Ir. Allí existen restos de sus muros, los mismos que resguardaron a los romanos a su llegada, ya que para ellos el actual Guadaíra pasó a ser el río Ira y dicho emplazamiento seguía teniendo una visión privilegiada de la Campiña y la Sierra Sur. Ya sabemos la importancia que tuvo el Imperio en la Península y el desarrollo de Híspalis y la cercana Carmo, pero además la cultura romana trajo una gran evolución hidrográfica y su conocimiento queda demostrado en la zona con las minas de agua, canalizaciones y localización de diversos manantiales. En este lugar, a los pies de la loma y bajo la sombra de la arboleda se esconde la abovedada fuente romana de Cañada Honda, actualmente dentro del cercado de un coto privado de caza.

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Interior de la fuente de Cañada Honda, de origen romano. (B. Berenguer «Conoce tus fuentes«, 2013).

Continuamos nuestro caminar a través de la historia de este paraje, ahora para descubrir el cambio de su denominación. El nuevo nombre aparece con la llegada árabe a nuestras tierras, ya que los romanos habían fundado nuevas poblaciones o adaptado a su lengua la mayoría de lugares íberos existentes. Pero con el mundo musulmán se fortifica la vecina Qâll’at Yâbir, que consigue gran importancia gracias a su ubicación como cruce de caminos próximo a Isbiliya y su control sobre el Wadí Ayra (actual río Guadaíra), provocando un declive para el poblado en el que nos encontramos y al que rebautizan con el nombre de origen arameo de Qandûl, palabra que se refiere a la aulaga o la retama, siendo esta última más abundante en la zona. Aunque parece que lo verdaderamente importante para ellos fue la ‘Ayn al-Qandûl, o la fuente de la retama ubicada en el poblado y de la que mana el arroyuelo que desemboca en el Guadaíra pocos metros después de hacer lo propio el arroyo Salado, cuyo puente vemos a continuación con sillares usados en la reedificación de 1828 provenientes de los túmulos funerarios de Gandul.

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Puente de Gandul sobre el arroyo Salado, junto a la actual autovía A-92. Se hizo tristemente conocido en la época que fue de madera por el número de víctimas y mercancías que caían desde él por su estrechez y mal estado. (Lista Roja del Patrimonio).

En 1247 fue reconquistada Alcalá de Guadaíra por el rey Fernando III el Santo y Sevilla un año después. Posteriormente, su hijo Alfonso X en el Libro del Repartimiento incluyó en el alfoz sevillano a la villa alcalareña para la protección de la ciudad. En el término de dicha villa se contaba con las fortificaciones de Gandul y su vecina Marchenilla como puntos estratégicos en el lote de heredades y donadíos, a pesar de que no es hasta más de un siglo después y bajo el nuevo reinado de Enrique II cuando se dota de un término a estas aldeas, que son donadas en agradecimiento a mosén Arnao de Solier, francés como su tío el famoso militar Bertrand du Guesclin y que tras su muerte en 1390 es heredada por su hija y su marido, del señorío de los Velasco. Aquí comienza a tener fama la harina de sus molinos en la ciudad de Sevilla. Así llegamos al s.XVI, los Velasco deciden vender Gandul y Marchenilla a doña Mencía de Guzmán y casualidades de la vida su heredera se casó con un miembro de los Velasco, por lo que vuelven a tener la posesión de dichas tierras hasta que definitivamente las venden en 1593 a la familia Jáuregui. Éstos eran acaudalados hidalgos con negocios en las Indias. Es la época de mayor auge para el poblado, que llegó a contar con unos 600 habitantes y más de un centenar de casas dispuestas en calles alineadas con la c/ Real que vemos en la imagen.

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Antigua c/ Real del poblado de Gandul, eje central del mismo. (Sevilla Legendaria, 2016).

En aquellas calles se ubicaban el palacio en el extremo oriental, la Iglesia de San Juan Evangelista, el hospital y cementerio de la Hermandad de la Vera-Cruz, la Casa del Concejo y cárcel a la vez, la ermita de S. Sebastián y ya en el extremo occidental, el molino de aceite y la posada. Todo salpicado también de casas y pequeñas huertas frutales, una era común, tres molinos harineros, un lavadero y la antigua torre, transformada con el tiempo en un palomar.

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Restos de una de las casas en lo que fue la Plaza del Gandul, que la atravesaba la c/ Real. (Sevilla Legendaria, 2016).

Poco más de un siglo después de la llegada de los Jáuregui a Gandul, el rey Carlos II concedió en 1699 a Miguel de Jáuregui y Guzmán, que por entonces era el señor de Gandul y Marchenilla, el título de Marqués de Gandul, aún vigente en la actualidad entre los propietarios del palacio y terrenos adyacentes.

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Fachada principal de la Casa del Concejo, que también hizo las funciones de calabozo. (Sevilla Legendaria, 2016).

El s. XVIII trajo el declive de Sevilla con la pérdida del monopolio del comercio de las Indias y esta nueva situación también se dejó notar en el poblado, que fue perdiendo vecinos paulatinamente. Atrás quedaron los días en los que autores como Lope de VegaCervantes escribían referencias en sus obras a la gran calidad que tuvo el pan de Gandul. Luego llegaron los franceses saqueando lo poco que iba quedando en la villa, entre ello la Iglesia de San Juan Evangelista, cuya puerta vemos en la foto inferior, dado que había un gran valor artístico en su interior ya que estaba considerada como una capilla de la propia Catedral de Sevilla.

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Escalinata de acceso a la iglesia desde la c/ Real, en cuyo pórtico figura el lema: «DOMUS DEI ET PORTA COELI» (Casa de Dios y Puerta del Cielo), que aparece en otras muchas iglesias cristianas. (Sevilla Legendaria, 2016).

Uno de los edificios que perduró algo más de tiempo en uso fue el de «La Posada«, como ya dijimos, situada en uno de los extremos a la entrada del camino que provenía de Sevilla y la propia Alcalá de Guadaíra. Probablemente, esa ubicación a pie de camino favoreció su sustento hasta mediados del s. XIX como tal, ya que posteriormente fue unida al molino de aceite para un funcionamiento más agrícola, como muchas haciendas a lo largo del territorio andaluz, hasta casi finales del s. XX. Entre sus huéspedes, tuvo la visita en 1829 del escritor romántico Washington Irving, como relató el estadounidense en su obra «Cuentos de la Alhambra». De ahí que nos encontremos en plena «Ruta de Washington Irving» por la A-92.

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Esquina de «La Posada» en la entrada a Gandul. El paso del tiempo, el ganado y el vandalismo hacen mella en el edificio. (Sevilla Legendaria, 2016).

El tiempo pasaba para la villa, que había ido perdiendo vecinos hacia las colindantes Alcalá y Mairena, de hecho ya quedaban algunos jornaleros de la propia finca del marquesado cuando en 1840 quedó certificado el fin de Gandul como poblado, siendo absorbido su término por el alcalareño. A dicha localidad llegó en 1876 el conocido como «Tren de los Panderos«, que la unía a Sevilla gracias a la obra de la «Compañía de los Ferrocarriles Andaluces», prolongado en 1880 hasta Carmona. Fue entonces cuando la influencia del VI Marqués de Gandul permitió la construcción de una pequeña estación cercana a la finca y a escasos metros de «La Posada«, aunque no lo apreciemos en la foto por la pequeña arboleda.

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Sin vía ni tren, poco queda ya de la Estación de Gandul, el nombre y con gran dificultad. (Sevilla Legendaria, 2016)

El afamado tren no resultó ser tan beneficioso como se esperaba y poco más de un siglo después de su creación fue desmantelado, quedando hoy su recuerdo en la «Vía Verde de los Alcores» que recorre la comarca. Una muestra más de como el tiempo ha ido aplastando con su implacable y pesada losa del olvido a todo el conjunto de Gandul en sí. Y así ha ido aumentando su paso a lo largo del s. XX y lo que llevamos del actual, a pesar de historias bélicas como la llegada de los nazis durante la Guerra Civil a estos parajes. Una compañía de transmisiones perteneciente a la Legión Cóndor se instaló en el palacio como cuartel, llegando a colocar una antena de radio para sus comunicaciones en la torre del antiguo castillo, aunque el emplazamiento en una comarca arqueológicamente tan valiosa no parece casual teniendo en cuenta la obsesión de los «boches» por ir recaudando tesoros.

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Antiguo trayecto del ferrocarril por la zona de Gandul, actual Vía Verde de los Alcores. (Sevilla Legendaria, 2016).

Ya en la posguerra, se solucionaría un problema de herencias que venía sucediendo desde décadas atrás al aplicarse la abolición del régimen señorial de 1837. Esto fue prácticamente el golpe casi definitivo a la historia de Gandul como lo hemos conocido a través de este paseo, el fin de sus mejores épocas. El reparto hereditario dejó lo que quedaba del poblado por un lado con el marquesado, construyéndose el Cortijo de los Llanos de Gandul que vimos al principio, y por el otro la fortaleza de Marchenilla, junto a la carretera de Morón, y que conoceremos mejor en otra ocasión. Dejadez administrativa municipal y autonómica, fincas agrícolas separadas, cotos privados de caza, el silencio del campo andaluz en definitiva, sólo perturbado por el ruido de algún tractor o el canto de pájaros y chicharras. Así es Gandul en la actualidad, como reza el título: la historia en el olvido.

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Vista aérea de la antigua villa de Gandul. De izquierda a derecha: estación, posada y molino, la calle Real, la plaza con el consistorio, el cementerio y la iglesia, restos de calles y casas, el cortijo, la antigua torre y el palacio, de donde parte el Arroyo Madre de Gandul, que en su día llegó a mover tres molinos. (Bing Maps, 2016).

Esperamos que, una vez más, hayan disfrutado de los tesoros que tiene esta Sevilla Legendaria, en este caso su provincia, pero que como han visto siempre queda algo entrelazado con la propia ciudad. En definitiva, ahí está Gandul, sólo hay que visitarlo para descubrirlo mientras espera, en su letargo, a ser un lugar con  su merecido reconocimiento.

J.M.

27 comentarios en “Gandul, la historia en el olvido.”

  1. Hay que proteger lo poco que queda de Gandul, si no queremos que algún día sólo exista en los libros de historia.La iglesia y la casa del Concejo aún merecen una visita, aunque no sea posible ver el interior.

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  2. Totalmente de acuerdo. Debe ser protegido y puesto en valor. Debería ser visitable.Por desgracia, el pasado 11 de enero de este año 2017 se ha conocido a través de los medios de comunicación que la posada que aparece en este mismo artículo ha sido derruída, en parte, por una excavadora, por lo que nunca más se podrá ver como aparece en la foto.

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  3. Es una verdadera pena, esas imágenes son muy tristes. La gente se espanta de lo que unos desalmados hacen en Palmira y otras ciudades monumentales, pero no hay que irse tan lejos para ver como hay gente capaz de destrozar nuestra historia y nuestro pasado.

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  4. Muy buen artículo, aunque es una pena como está todo. Por otro lado yo he estado en la puerta de la iglesia mirando hacia el Cortijo de gandul y amablemente me invitaron a que me fuera, pues me dijeron que eran estancias privadas. Mi intención era solo ver todo aquello sin hacer daño alguno. Como buen aficionado de la historia que soy.

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  5. Gracias por acercarnos la historia con tanto cariño. Muy buena documentación y muy buen gusto al detallarla. Llegué aquí en artículos desde Acinippo (otra lástima de B.I.C. y P.H.E.).Un saludo desde Begastri.

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