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Tras haber conocido un tanto mejor el aspecto pasado de la ciudad a través de las obras de diferentes artistas, como por ejemplo del sevillano Federico Delgado Montiel y con las de dos autores británicos, viajeros románticos, como son el inglés Richard Ford y también su colega el escocés David Roberts, hoy volvemos a pasear por Sevilla, pero bajo la visión de las obras de Gumersindo Díaz Pérez.

Nuestro protagonista nace en Oviedo, probablemente en 1831, ya que aunque algunos autores lo sitúan en 1841, difícilmente hubiera obtenido sus primeros premios a nivel local en 1843 y 1844. Allí comienza su enseñanza artística siendo discípulo del pintor Vicente Arbiol y Rodríguez, trasladándose posteriormente a Sevilla en la década de 1850, para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla o Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en la que tuvo como maestro al pintor hispalense Joaquín Domínguez Bécquer, tío de los hermanos Bécquer, el pintor Valeriano y el poeta Gustavo Adolfo, y que por entonces era además director de las obras de restauración del Real Alcázar de Sevilla y residente en el mismo. Es en esta época cuando obtiene las medallas de plata en los concursos de la Exposición Artística de Cádiz de 1862, y la de Sevilla de 1867, presentando también varias obras en la de 1868, trágico año para algunos de los monumentos que representó. Un año después, será él quien imparta clases, siendo José Gestoso uno de sus alumnos. Asturias, su patria querida, y Sevilla, su ciudad adoptiva, abarcan gran protagonismo en su obra, sean lienzos o dibujos, realizando retratos, paisajes, especialmente costumbristas, y también el bodegón, además de la temática religiosa, siendo comparado con Murillo, al que incluso copia algunas obras con gran exactitud.

Aquí vemos el Palacio de las Dueñas, de la Casa de Alba, y es que este emblemático espacio fue lugar de residencia de nuestro artista ovetense, que previamente había residido en la antigua c/ Rositas, hoy Adolfo Cuéllar. En ella coincidió con otro residente, Antonio Machado y Álvarez, alías «Demófilo», padre de los hermanos Machado, con quien colaboró años después en la fundación de la sociedad «El Folk-Lore Andaluz» y su revista homónima. Pero dispongámonos a caminar por aquella urbe de la segunda mitad del s. XIX, época contemporánea de los primeros disparos de las fotografías, y lo haremos gracias a los dibujos del artista, muchos de ello realizados en un álbum encargado por la Comisión Provincial de Monumentos.

Iniciamos la ruta con esta vista de la actual entrada para las visitas del Real Alcázar de Sevilla, la Puerta del León, y a continuación, la actual c/ Judería con la Puerta del Retiro al fondo, por ser la salida a la antigua Huerta del Retiro de dicho recinto militar, en el que recordemos que residía su maestro, por lo que es de suponer que el autor tuvo facilidad para poder emplearse en sus obras de este lugar.

Seguimos en este paseo con otro monumento muy cercano al anterior, pues se trata de la Catedral de Sevilla, y como podemos ver es la Puerta del Lagarto en un dibujo que muestra el aspecto que tuvo por entonces, igual que en una fotografía del francés Jean Laurent de 1880.

Del templo catedralicio podemos tomar la salida por el Patio de los Naranjos con su fuente, atravesando la Puerta del Perdón tal como vemos aquí.

Avanzamos hacia zona alta del centro de la ciudad, para llegar al Convento de Madre de Dios de la Piedad, para ver el apeadero de la Reina Isabel la Católica, ya que fue ella quien donó una manzana en San Nicolás junto a la muralla de la Judería, la misma de la c/ Fabiola. Actualmente ya desaparecido con las modificaciones realizadas en dicha parcela tras la exclaustración y regreso de la comunidad dominica.

Continuamos la marcha, ahora con algunos lugares a extramuros de la ciudad, aunque alguno más retirado que los otros.

Aquí podemos ver el primero, y más alejado, de ellos, se trata del humilladero conocido como el Templete de la Cruz del Campo que, como ya escribimos, fue el origen de nuestra actual Semana Santa. Mientras abajo podemos contemplar esta vista lateral de la Iglesia de la Santísima Trinidad, hoy Basílica menor de Mª Auxiliadora, del ya por entonces desamortizado Convento de las Santas Justa y Rufina de la Orden de los Trinitarios, al que poco después llegaron los padres salesianos.

Y a continuación, el Torreón del Salitre, en pie aún en los actuales Jardines del Valle, llamado así porque a mediados del s. XVIII estaba ubicada una de las mitades de la Real Fábrica de Salitre.

Casi seguido a este punto, se levantaba la derribada Puerta del Sol, de la que el autor nos dejó bastantes detalles en su obra, tanto de ambas caras como del interior, justo antes de ser demolida en 1870.

Adentrándonos por esta zona, llegamos a la por entonces Plaza de Santa Lucía, hoy ya calle, epicentro de esa antigua collación en la que se levanta la desacralizada Iglesia de Santa Lucía que vemos en la siguiente imagen.

Aprovechamos la entrada en las murallas para dirigirnos, por la propia c/ Sol, hasta la Iglesia de Santa Catalina, en la que actualmente se encuentra esa portada ojival que vemos en Santa Lucía, pero vemos el detalle de la torre mudéjar que nos dejó el artista, que además no será la única.

Tras pasar cerca de su mencionado lugar de residencia, proseguimos por la actual c/ Bustos Tavera, englobada en un importante eje vial que guarda numerosas historias, nos detenemos en el cruce con la c/ Doña María Coronel y la c/ Peñuelas, porque es en ese lugar donde se ubicó la histórica casa-palacio de los Tavera, que nuestro asturiano protagonista de hoy nos dejó en esta obra como un testimonio de los muchos que la piqueta destruyó unos cien años después.

Sin desviarnos de esta calzada, desembocamos en la Plaza de San Marcos, que se haya encabezada por la parroquia de dicho evangelista, cuya torre también nos detalló el dibujante.

En plena zona de espadañas, adelantamos los pasos en búsqueda del Monasterio de Santa Paula, un cenobio bien detallado en diversas obras del artista, como la que vemos a continuación.

Quizás desde este último lugar, el pintor pudo contemplar la siguiente vista, entre las abundantes huertas y el bajo caserío blanco que hacían asemejar el sevillano barrio de San Julián con un pueblo, cuya parroquia vemos desde el lateral de la Epístola, vulgo de la Moravia.

Saliendo de dicho barrio por la Puerta de Córdoba, que también fue plasmada por el artista, encontramos frente a ella el Convento de Capuchinos que vemos abajo.

Como si de la propia cofradía de La Hiniesta en un Domingo de Ramos se tratara, nuestros pasos se dirigen también hacia La Muralla, ya que es otro de los elementos patrimoniales de la ciudad que fueron ampliamente representados por el autor ovetense, cuando aún se tenían por estructuras romanas, como el ejemplo que tenemos a continuación.

Si nos adentramos nuevamente, ahora hacia la zona de La Alameda de Hércules, nos topamos con otra torre más. Se trata de la Torre de Don Fadrique, obra de estilo gótico situada en el patio del antiguo Real Monasterio de Santa Clara, hoy renombrado como Espacio Santa Clara por albergar usos culturales del consistorio.

Ya para finalizar, saldríamos por el espacio de la también desaparecida Puerta de la Barqueta, ya por entonces ocupado por la llegada del ferrocarril, para seguir el camino del arrabal macareno, con sus diferentes ventas, entre las que se encontraba la becqueriana Venta de los Gatos. De este modo, llegamos al último de los monumentos representados por Gumersindo Díaz que vemos en esta ruta. Se trata del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, con su centenaria efeméride de este mes.

Y hasta aquí este paseo decimonónico de hoy por nuestra Sevilla Legendaria, que además lo completaremos con otro por la provincia, al que ya quedan invitados.
J.M.

Un comentario en “Gumersindo Díaz en Sevilla.”